Afortunadamente, una voz como la del expresivo y comunicativo Roberto Alagna, rica en armónicos, excelentemente proyectada y que en este repertorio brilla de modo especial gracias a su cuidado fraseo y dicción sobresaliente, nos facilita el primer contacto con la ópera. No le falta carisma, desenvoltura sobre las tablas ni magnetismo, demostrando una vez más que es gran actor capaz de salir airoso de cualquier reto escénico.
A su lado, una soprano que va convirtiéndose poco a poco en habitual del Teatro de la Maestranza. Nathalie Manfrino nos visita por tercera vez en poco tiempo, y si bien no convenció en su presentación como Juliette en la ópera de Gounod, ni -aunque mejorando- pasó con honores la prueba de Leïla en Los Pescadores de Perlas de Bizet, esta vez descubrimos con placer que el instrumento madura a una velocidad vertiginosa; en Roxane, papel que más ha interpretado en su corta carrera, apreciamos una voz homogénea, elegante y de interesante color, además de una evolución dramática que llega a su cumbre en un intenso último acto.
El español Jorge de León -que cerraba la temporada anterior con La Bruja- pareció entender bien lo demandado en el rol de Chrisitian, y resultó irreprochable desde el punto de vista teatral. El instrumento sin embargo no posee una particular belleza, ni gran flexibilidad, contrastando en fraseo con el de Roberto Alagna. El resto del reparto cumplió su cometido con gran profesionalidad, destacando las voces de Jean Luc Ballestra y la siempre adecuada Itxaro Mentxaca, que vuelca en cada papel comprimario su amplia experiencia.
El maestro Guidarini, director en las funciones del Festival de Montpellier, nos presentó una lectura de la partitura no muy pulida pero con la justa dosis de intensidad en cada cuadro; encontrando el equilibrio entre foso y escena que tan necesario es en coliseos como el Maestranza, sacó de la Sinfónica de Sevilla deliciosos momentos. No fue así con el coro, que parece entrar en la dinámica de ir mejorando a medida que avanza la temporada.
David Alagna no quiso interferir demasiado en las directrices que marca el libreto, lo que es de agradecer cuando se presenta una obra por primera vez. La historia se desarrolló como todos esperábamos, y cualquier profano pudo seguir la acción sin complicación aparente. Quién sabe si -dada la buena ración de ‘genialidades’ que estamos acostumbrados a sufrir cada año- dentro de un tiempo será esta postura la transgresora… Al montaje de Alagna sólo hay que reprocharle unos interminables cambios de escena, que a muchos hacía distanciarse de la trama. Excelente el trabajo del figurinista Christian Gasc.
Tras un comienzo de temporada en el que han predominado títulos infrecuentes -curiosamente compartiendo década y casi año del siglo XX- y que se han saldado con un considerable éxito de crítica y público, llega el turno de las obras más populares del repertorio. Esperemos que la dinámica positiva continúe con La Favorite, La Traviata y Turandot.












