Nacido en Dresde en 1964, René Pape fue miembro de Kreuzchor, legendario coro de esta ciudad entre los años 1974-81. En 1988, siendo aún estudiante, hizo su debut en la Ópera Estatal de Berlín "Unter den Linden" y fue inmediatamente contratado por el Teatro. Desde entonces, ha cantado dirigido principalmente por el director musical, Daniel Barenboim. Pape ha trabajado con las principales orquestas del mundo y los directores de máximo renombre en las salas más importantes de todo el mundo. Ha recibido dos premios Grammy por sus grabaciones.
En Sevilla ya ha actuado como Fernando en el Fidelio de la Expo-92 interpretada en versión de concierto por los solistas, coro y orquesta del Metropolitan de Nueva York y como Gurnemanz en el Parsifal de Daniel Baremboin de Julio de 2005.
pincha en este enlace para más información de este recital en la web del Teatro Maestranza.
Elina Garanca provocó gran entusiasmo. - Paco Cazalla.
El Correo de Andalucía
Juan José Roldán
01/11/2009 10:16
Teatro de la Maestranza Fecha: sábado 31 de octubre de 2009. Elina Garanca, mezzosoprano. Charles Spencer, piano. Programa: Mozart: Arias de "Las bodas de Fígaro" y "La clemencia de Tito", Adagio en Si menor. Schumann: Amor y vida de una mujer. Falla: Siete canciones populares. Saint-Saëns: Aria de Dalila, de "Sansón y Dalila". Bizet: Seguidilla y Habanera de "Carmen". Chapí: Romanza de "El barquillero", y Carceleras de "Las hijas de Zebedeo".
Elina Garanca vino anoche a Sevilla a demostrar por qué es una de las más reputadas y solicitadas cantantes de ópera desde que comenzara este siglo. En realidad no hizo sino corroborar al aficionado hispalense lo que éste ya había admirado a través de sus grabaciones. Controla hasta tal extremo su voz de mezzosoprano lírica que consigue moverse entre registros ligeros, lo que quizás en un futuro no lejano le permita incorporar roles de soprano, como hiciera la mítica Maria Callas, y registros dramáticos, como demostró en su espléndida y emocionante recreación del aria de Dalila de Saint-Saëns, modulando su bellísima voz con dominio absoluto. Quién sabe si algún día la veremos también atreviéndose con Wagner.
Su excepcional actuación en la ciudad de Carmen, uno de los roles junto a Romeo y Cenerentola que más satisfacciones le están dando, desde que debutara con él en el Metropolitan hace dos años, nos ha permitido disfrutar de una diva en plena apoteosis de su éxito. Una voz extraordinaria por su timbre, su técnica y su flexibilidad, que pudimos disfrutar en el preciso momento en el que está triunfando en los mejores teatros del mundo.
Para la ocasión la mezzo tejió un programa ecléctico, orientado al ejercicio clásico y melancólico en su primera parte, donde entonó papeles que le han reportado una merecidísima fama, como Cherubino y Sexto, de Mozart; y desplegando todo un festival de registros y sentimientos en su recreación del ciclo de lieder de Schumann Frauenliebe und leben, toda una sorpresa para quienes sólo hemos podido celebrar hasta el momento sus habilidades en la ópera. Especialmente sensible, delicada y emotiva se mostró en Du Ring an meinem Finger, muy bien acompañada al piano por el veterano Charles Spencer, más centrado en el fraseo y la reflexión que en la precisión técnica, como demostró en un contenido Adagio en Si menor de Mozart.
En la segunda parte desplegó un alegre festival entre el españolismo y el melodismo galo. Su interés por la música española no le viene de un esposo llanito sino de una madre apasionada de nuestra cultura, lo que ha erigido a la mezzo en embajadora de la zarzuela fuera de España. Agudos ensordecedores, elegante exhibición de coloratura y una perfecta dicción se adueñaron de la función, apoyándose en una imponente presencia escénica con un punto justo y equilibrado de temperamento. El público respondió entusiasmado.
Ciclo de recitales líricos del Teatro de la Maestranza. Programa: Arias y canciones de W. A. Mozart, R. Schumann, M. de Falla, C. Saint-Saëns, G. Bizet y R. Chapí. Pianista: Charles Spencer. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Sábado 31 de octubre. Aforo: Tres cuartos de entrada.
Desde que se anunció la sustitución de Edita Gruberova por Elina Garanca para el recital de ayer noche, se suscitó en algún que otro foro operístico de Internet un animado debate sobre si el público sevillano saldría ganando o perdiendo con el cambio. Nunca lo sabremos, pero creo que difícilmente hubiese superado la eslovaca (al fin y al cabo una gran estrella en línea declinante) a la rutilante cantante letona, una artista en fulgurante línea ascendente que ya, con tan sólo diez años de carrera, se ha situado en el Olimpo de las cantantes más veneradas y admiradas.
Lo que está fuera de dudas es lo acertado de la decisión del Maestranza, pues desde el recital de Juan Diego Flórez no recuerdo una respuesta tan entusiasta por parte del público, totalmente entregado a la ceremonia de seducción vocal que Garanca ofició durante toda la velada. Escucharla en persona en Sevilla tiene, además, el aliciente de tener ante nosotros a la mejor Carmen de la actualidad. Si tienen interés por comprobarlo, les recomiendo que visiten la página wb de la BBC-3 y que escuchen ahí la interpretación de la ópera de Bizet la semana pasada en el Covent Garden con una Garanca realmente arrebatadora y un Roberto Alagna (que también estaba entre el público del Maestranza) como en sus mejores momentos. ¿Será mucho soñar el esperar que la Carmen que prepara el Maestranza para el año que viene tuviese la voz y el rostro de Elina Garanca?
¿Cuáles son las armas con la que esta cantante ha conquistado en tan poco tiempo los más exigentes teatros y públicos? Para empezar, una voz de un timbre de belleza poco común, denso pero cálido y claro. La voz corre con fluidez, con perfecto apoyo y perfectamente colocada de manera que suene fuera, que pase sin problemas al público incluso en los más sutiles pianissimi. No ha cambios de color en el paso desde unos graves de impacto (como se oyeron en el aria de Dalila) a unos agudos brillantes, pasando por un centro que te desarma por la delicadeza del fraseo y por la sutilidad de la línea de canto. Desde la mesura expresiva, sin fáciles alardes de sentimentalidad vocal, supo hacer que nos sumergiésemos en el océano anímico de Cherubino, de Schumann, de Falla o de una Carmen inisinuante y dominadora con la voz desnuda.
Correcto y sin alardes Spencer, salvo en una plana Jota de Falla.
Están (estamos) de enhorabuena todos los amantes de ese milagro de la naturaleza que es la voz cantada cuando ésta se reviste de sutileza, de delicadeza y, sobre todo, de emotividad. A las cuatro citas con la sensacional combinación Devia-Barcellona se unió anoche la presencia, por primera vez en nuestro teatro, de Inva Mula. La famosa soprano albanesa es hoy por hoy una de las mejores especialistas en las delicadas heroinas puccinianas y nada mejor en este año de conmemoraciones puccinianas que su actuación con toda una segunda parte dedicada al maestro de Lucca.
A pesar de un inoportuno virus que le provocó roces y veladuras en el registro superior cuando cantaba en pianissimo (arias de Mimì y de Liù, sobre todo al final de Tu che di gel sei cinta), Mula demostró por qué su voz es una de las más alabadas del panorama sopranil, merced a un timbre brillante, de centro muy bien colocado y con gran homogeneidad a lo largo de diapasón, sin cambios de color ni saltos.
Sobrasalió en su recital el fraseo, su manera de ligar las frases mediante inflexiones de la voz, de filados y de progresiones dinámicas muy bien dosificadas. Tratándose de una cantante que da el máximo de sí misma sobre la escena, no es de extrañar que a las canciones de Liszt, tan de salón, les faltase un punto de intimidad y de recogimiento, si bien Pace non trovo, la más expansiva, se convirtió en uno de los polos expresivos de la velada, junto al muy pasional y romántico piano de Arnaltes. La habilidad en encontrar el tono de cada pieza se evidenció en cómo obvió la acusada cursilería de las canciones de Obradors, en las que sólo faltó mayor afinidad estilística con los melismas aflamencados de las Coplas de Curro Dulce.
Lo mejor vino, como era de esperar, con los fragmentos de Puccini, sobre todo con las dos arias de Liù, todo un portento de emotividad y de control de la voz. Al final, cuatro bises, entre ellos Les filles de Cadix, de Pauline García-Viardot
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Primer elemento Carlos Tarín ABC de Sevilla Jueves, 19-02-09
Inva Mula (soprano), Edelmiro Arnaltes (piano).
Obras de Liszt, Obradors y Puccini.
Teatro de la Maestranza.
Fecha: 15/02/2009.
No todos los aficionados la recuerdan en una de las escenas más fascinantes de la película «El quinto elemento», poniendo la voz a aquella diva azul que asombró al mismísimo Bruce Willis cantando la Lucía. Ahora se presentaba en el Maestranza en un recital de amplio espectro, comenzando por un Liszt políglota, que casi dio igual, porque se la entendió poco, ya que al principio la voz estaba demasiado focalizada junto al piano. Pero ya la presentaba vigorosa, acaso no siempre apropiada para el mundo íntimo del lied, aunque desde luego homogénea, bien impostada, y capaz de salir de cualquier atolladero, incluido el del idioma: qué maravilla las canciones de Obradors, con qué naturalidad y perfecta pronunciación fue desgranando las perlas del barcelonés, incluyendo los melismas andaluces de las «Coplas de Curro Dulce».
Pero es ya un clásico en sus recitales incluir a Puccini, un autor en el que se ha consagrado como gran especialista, y que bien demostró con el encadenamiento de arias del genio de Lucca, que pone a prueba la capacidad de canto de cualquier soprano. Su voz apenas tiene fisuras, pero es verdad que la encontramos más cómoda en las arias de más temperamento como «Mi chiamano Mimi» o «Signore, ascolta».
Una magnífica lección de canto, que no lo hubiera sido sin tener a su lado a un pianista de la talla de Edelmiro Arnaltes, que con su habitual serenidad y delicadeza fue adivinando cada inflexión de la voz de la diva, subrayando con tino cada matiz.