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viernes, 12 de junio de 2009

Algo más sobre los Pescadores de Perlas del Maestranza

por Fernando López Vargas-Machuca
El éxito que la versión concierto de Los pescadores de perlas ofrecida en el Teatro de la Maestranza el sábado 6 de junio alcanzó entre el público fue extraordinario: hacía tiempo que no se veía nada parecido. La crítica y los foreros especialistas han sido, por el contrario, unánimemente despiadados, al menos con la estrella de la función, un Roberto Alagna cuya afección a los lazos familiares explicaría, quizá, el lamentable Werther que sus hermanos David y Frédérico ofrecieron en marzo de 2008 en esta misma sala (enlace), así como la presencia en el título de Bizet de su cuñada, Nathalie Manfrino, y la reunión de todos ellos el próximo noviembre en Cyrano. Se comprende que los ánimos estuvieran calentitos contra el tenor por parte de quienes saben de qué va el rollo.

Se ha escrito mucho sobre estos Pescadores, argumentado con razones de peso y desde la experiencia (enlace). Yo no puedo aportar aquí nada a lo ya dicho, porque mis conocimientos no me lo permiten, pero sí que puedo explicar por qué, para mi vergüenza, me lo pasé bien en esta función, independientemente -huelga decirlo- de la belleza melódica del título de Bizet, al que por cierto le conviene mucho la versión concierto para no tener que partirse de risa ante un libreto poco menos que imposible.

Ante todo, la música estuvo bien servida en el plano orquestal y coral. Cierto es que la ROSS no estuvo ni mucho menos tan fina como en el programa sinfónico de la noche anterior (enlace) y que el Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza sonó a ratos más bien emborronado, pero aun así el resultado técnico fue estimable y se mantuvo muy por encima de la media de lo que tenemos que aguantar en los otros teatros andaluces (Jerez, Córdoba, Málaga).

Pedro Halffter, por su parte, dirigió con menos refinamiento técnico pero bastante más acierto que en su reciente Tristán (enlace); no le hubiera venido mal un poco más de chispa y desparpajo, pero los momentos líricos estuvieron muy bien servidos y consiguió esa morbidez y sensualidad tan particulares que habitualmente asociamos al repertorio francés.

Nathalie Manfrino no es una soprano desdeñable. Molestó la tirantez de su registro agudo (en algún momento llegó a emitir un desagradable chillido) y se quedó bastante corta a la hora de desenvolverse en las agilidades. Expresivamente, desde luego, no es nada del otro jueves. Pero tiene un centro lleno y de gran belleza, se desenvuelve muy bien en el canto ligado y frasea con calidez, incluso con cierta sensualidad. Me gustó bastante menos Marc Barrard, un barítono inexpresivo y rutinario que, al menos, hizo gala de un buen instrumento. Mucho más interesante el Nourabad de Nicolas Courjal, poderoso y amenazador.

Bueno, ¿y el divo? Este señor hace ya lustros dejó de ser un magnífico tenor para transformarse en una especie de bufón del canto. Yo mismo no he dudado a la hora de lamentar algunas de sus interpretaciones (enlace). Ahora bien, sigue conservando una voz apreciable y, cuando quiere, unas evidentes ganas de comunicar. ¿Notas abiertas? ¿Inseguridad? ¿Cambios de color? ¿Desafinaciones? ¡Pues claro! Pero eso ya se sabía: estamos hablando de Alagna. Ahora bien, el aria la cantó con la emoción en los labios, fraseando siempre con morbidez, sensualidad, ensoñación y sentido. Que lo hiciera en falsete no me importó demasiado, aunque fuera jugar con las cartas marcadas. Otra cosa es que se lanzara a repetirla: ya dije aquí que me pareció un error (enlace) porque no venía a cuento, y encima la cantó peor.

En fin, es posible que si dentro de unos años escucho alguna de las grabaciones piratas que deben de existir del evento me forme una opinión bien distinta del mismo, pero de momento sólo puedo dar fe de que, sabiendo lo que me iba a encontrar con Alagna, me lo pasé muy bien. Como tantos otros miembros del público, al fin y al cabo.

martes, 9 de junio de 2009

El pescador falsetón


Pescadores de perlas de Bizet.
N. Manfrino, R. Alagna, M. Barrard, N. Courjal.
Coro de la A.A. Teatro de la Maestranza.
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
Director: Pedro Halffter.

Teatro de la Maestranza.
Sevilla, 6 -V-09.


La Razón
9 Junio 09
Gonzalo Alonso

«Los pescadores de perlas» es una de las obras de Bizet más injustamente maltratadas por los teatros, que no la programan a pesar de la belleza de sus melodías –cuatro o cinco motivos muy bien administrados–, su brevedad y la relativa facilidad para encontrar voces que la afronten. Se pondrá de moda cuando un teatro la ofrezca con una buena pareja protagonista, pues entonces otros le imitarán. El caso es que en Sevilla el reclamo era Alagna, también como anticipo del «Cyrano de Bergerac» de la próxima temporada con la presencia de todo su clan familiar. La experiencia no ha podido ser más frustrante. Alagna, que ha abordado repertorios más pesados, quizá no esté ya para «Pescadores». Desde luego, no lo estuvo para su célere aria, que musitó en un continuo falsete como si estuviera delante de un micrófono en un estudio de grabación, por lo que resultó prácticamente inaudible. El escándalo hubiera sido mayúsculo en cualquier teatro de primera categoría ante el enorme engaño.


En el Teatro Maestranza se le ovacionó y él consideró que incluso lo suficiente –que tampoco lo fue– como para repetir el aria ante la mirada incrédula de Pedro Halffter. Y aún se le oyó menos. Absolutamente inadmisible. Quizá aún bajo los efluvios de «Tristán e Isolda», quizá por exigencias del divo tenor, quizá para más tarde contrastar, o quizá temeroso de que se le escapara algo de una obra que abordaba por vez primera en su tremendo tour de force –debuts en «Fanciulla del West», «Tristan» en apenas cuatro meses–, lo cierto es que Halffter pretendió solemnizar una partitura que no lo permite y, en el primer acto y parte del segundo, se le escapó lo más importante: el alma de la misma. Así, el precioso dúo tenor-barítono perdió su fuerza con una lectura cansina y premiosa. Afortunadamente, entró en la música en el concertante final del segundo acto y se mantuvo en ella durante el tercero aligerando tempos y ampliando dinámicas y contrastes. Cumplió pero sin alardes la soprano Nathalie Manfrino. Tampoco era cosa de eclipsar al protagonista. El bajo Nicolas Courjal, que dominó su papel, estuvo por encima del barítono Marc Barrard, un Zurga de poder mermado. El público ovacionó más de lo que la ópera en concierto merecía

lunes, 8 de junio de 2009

Perlas Falsas en Sevilla

Comentarios a "los Pescadores del Perlas" del Maestranza en el Blog "Esta Noche barra Libre"

Pesca de bajura


ÓPERA EN CONCIERTO
«Los pescadores de perlas»
Intérpretes_Roberto Alagna, Nathalie Manfrino, Marc Barrard, Nicolas Courjal.
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza (Dir.: Julio Gergely).
Dirección musical_ Pedro Halffter.
Lugar Teatro de la Maestranza.
06-06-2009
CARLOS TARÍN
Lunes, 08-06-09
ABC de Sevilla

Casi de orilla. Después de dos espectáculos operísticos como «Fanciulla» y «Tristán», se ha terciado precipitadamente estos «Pescadores», resultando lo contrario que las anteriores: de una medianía notable.
La estrella era Alagna, que siempre quiso serlo (llegó a entrar y salir mil veces, saludando a gente entre el público, como en una función escolar). Alagna llegó al Maestranza en la Expo con la mítica «Traviata» de La Scala de Muti, y nos fascinó. Sigue conservando un registro bien colocado, hermoso, peculiar, partiendo de un cierto volumen. Pero ya dejaba ver flecos a cada paso: una mala terminación de la frase aquí, un fraseo indeciso allá, aunque el conjunto era más que aceptable. Pero finalmente tuvo que enfrentarse al ogro de la obra: «Je crois entendre encore», látigo de tenores que no estén en plenitud. La que le hubieran armado en La Scala si canta así la conocida romanza. Algunos usan el falsete -y en un caso extremo- en «ivresse», donde está lo peor, en un altísimo «Si» pianísimo: Alagna decició cortar por lo sano, y lo hizo todo en mal falsete, excepto las notas más graves, con lo que los cambios de color se hicieron más evidentes. Añádase a ello inseguridad, miedo -suyo y nuestro- a no acabarla, notas idas... Nada que ver con su propia grabación, en la que emula el «falsettone» (en el «Si») de Alain Vanzo, sin perder el color; ni tampoco con los grandes que la consagraron: Caruso, Gedda, Kraus, Gigli, Di Stefano, Domingo, etc. Pero en vez del abucheo se encontró con un teatro enfervorizado, al que correspondió repitiendo la romanza (de forma igualmente impresentable).
Las demás voces no reaccionaron hasta el tercer acto. Apuros pasó la Manfrino en los agudos del primer acto y en el hermoso dúo del segundo; finalmente sí presentó un registro más cálido y seguro, apropiado.
Lo mismo pasó con Barrard, de canto aséptico hasta que se implicó plenamente en «L´orage s´est calmé», y su voz por fin se llenó de color, brillo y entrega.
Courjal mantuvo un tono terrible desde el primer momento, acaso siguiendo al pie de la letra la «terribilità» de su personaje.
El coro volvió al desajuste, algo que se notó más en las voces agudas, sopranos y especialmente en los tenores. Dirección desigual de Halffter, que parecía agotado tras el esfuerzo del «Tristán. Un público extraño se mezcló con el habitual, tirando cosas, aplaudiéndolo todo (con el espectador que acabó con el final del «Tristán» a la cabeza, convertido ya en el Manolo el del bombo del Maestranza), grabando con cámaras, entrando antes del bis... para marcharse -una parte de él- en el descanso, pensando que la obra había acabado.

Los bises que nadie pidio

Fernando López Vargas-Machuca en su Blog "Ya nos queda un día menos" el domingo 7 de junio de 2009

Llego a casa con mucho que escribir sobre los dos espectáculos que he presenciado este fin de semana en Sevilla. Pero como me encuentro verdaderamente agotado, me limito de momento a dejar unos apuntes sobre una costumbre que a muchos logra cabrearnos: ofrecer bises cuando nadie lo pide.

Dar un bis es, por definición, un atentado contra la naturaleza dramática de una representación operística. Pero todos estaremos de acuerdo en que, en determinados repertorios y tras números muy concretos, una interpretación recibida por el público de manera especialmente calurosa puede -y a veces hasta debe- ser rematada con una repetición. Hasta ahí, perfecto.

Lo que resulta lamentable es que algunos artistas se lancen al bis sin que nadie se lo haya pedido. Lo hizo Roberto Alagna el otro día en Los pescadores de perlas del Maestranza. Los aplausos fueron calurosos, ciertamente, pero el teatro no se vino abajo. Ni siquiera tuvo tiempo: el tenor se lanzó a los pocos segundos a repetir el aria… ¡para cantarla peor! ¿Qué consigue con eso el señor Alagna, aparte de ensanchar su ya bien crecido ego?

Por si fuera poco, semejantes ataques de divismo se están dando también entre cantantes jóvenes que se lanzan a bisar el número más esperado sin que, realmente, la acogida por parte del respetable fuera entusiasta. Claro que en algún caso el asunto sí tiene explicación: luego viene el crítico amiguete (o el forero amiguete, que de todo hay) y escribe por ahí que el artista estuvo tan maravilloso que “se vio obligado a repetir el aria”, vendiendo así un éxito arrollador que, claro está, para quienes presenciaron el espectáculo no fue ni mucho menos tal.

¿Hace falta insistir en que los primeros perjudicados por esta fastidiosa costumbre son los propios cantantes? Por favor, señores, guarden los bises para cuando se lo pidan. Y no se inventen éxitos por el morro, porque luego vendrá alguien a ponerles la cara colorada.

Noche de trámite para rematar la temporada

Andrés Moreno Mengíbar
07.06.2009
Diario de Sevilla

Mucho trabajo sobre todo para la orquesta en estas semanas y puede que por ello no brillara con esta ópera de Bizet al mismo nivel que con la música de Wagner. Las cuerdas presentaron momentos de empaste errático y de sonido algo deslabazado, sobre todo en los pasajes más líricos. Halffter exageró hasta más allá del límite la lentitud de los momentos más reposados, rayando el aburrimiento, aunque en los pasajes más dramáticos sacó a relucir su conocida capacidad de engrosar el sonido y de acentuar el ritmo y las dinámicas. Mucho tuvo también que luchar el coro con las elevadas tesituras de su partitura, por lo que a menudo sonó chillón y confuso.

Alagna se equivocó cuando creyó que podía volver a su repertorio original tras lustros de pasearse por papeles más pesados. No supo colocar la voz desde la zona de paso, recurrió a notas de apoyo y notorios portamentos y abusó del falsete. El colmo de lo ridículo fue un Je crois entendre cantado en falsete de cabo a rabo, con voz inapreciable, con roces y desafinaciones. Y el bis fue aún más penoso. Manfrino estuvo correcta siempre que no tuviese que subir mucho, pero su centro es bello. Magnífico y dramático Barrard, muy suelto en la zona aguda. Y correcto sin más Courjal. Una noche para ser olvidada

jueves, 4 de junio de 2009

El tenor justifica su «espantada» en la Scala: «Soy como un pájaro que canta en un árbol. Si le apuntan, se va»

ABC de Sevilla
4-6-2009

El tenor Roberto Alagna, considerado uno de los mejores del planeta, protagonizó una espectacular espantada hace dos años y medio, en la Scala de Milán, uno de los teatros líricos más importantes del mundo. Acababa de terminar una de las arias más difíciles de la ópera «Aida» cuando varias personas del público lo abuchearon. Alagna, que jamás había sido abucheado durante una representación, salió indignado del escenario y ya no volvió a él. El director Ricardo Chailly reaccionó con reflejos, no paró la orquesta y, sobre la marcha, otro cantante Antonello Palombi, salió entre bambalinas para sustituirlo, en vaqueros y camisa. Palombi acabó la representación ovacionado, mientras la Scala le echaba la cruz para siempre a Alagna. El cantante italiano justificó ayer en Sevilla esta «espantada»: «El público me quiere porque me conoce y sabe que soy muy natural y abierto, pero soy como un pájaro cantando en un árbol. Si el público está contento yo estoy contento, pero cuando no tengo eso, no puedo cantar. Si alguien apunta al pájaro con una escopeta, el pájaro se va»



opinión

Cara y cruz de una voz

Andrés Moreno Mengíbar
12.01.2009
Diario de Sevilla

LA noticia saltaba hace dos años, a principios de diciembre de 2006. En el curso de la segunda representación de la ópera Aida, el tenor protagonista abandonaba la escena con un claro gesto de desprecio hacia el público tras recibir algunos abucheos al final de su conocida aria Celeste Aida. No era cualquier momento ni cualquier lugar, pues hablamos del Teatro alla Scala de Milán en el título inaugural de la temporada, uno de los momentos señalados en el calendario lírico planetario. El cantante en cuestión era Roberto Alagna, herido en su orgullo por las sonoras críticas venidas del loggione. No era un gesto inédito en la historia de la ópera, si nos atenemos a los anales del género, pero sí era una reacción inusual en una época que parecía haber dejado atrás actitudes de divos más propias de los años cincuenta. Y, además, no se trataba de un cantante cualquiera, sino de uno de los tenores estrella del actual panorama canoro, una de las voces que más interés y entusiasmo había provocado en sus momentos iniciales.

Roberto Alagna


En una entrevista para la RAI, Alagna atribuía su reacción a su sangre siciliana, que le insuflaba en las venas un acusado sentido del honor herido, a pesar de tratarse de un tenor francés de nacimiento. Y ahí, en su doble faceta de tenor francés de orígenes italianos, radica el atractivo de su voz. Primer hijo de una familia siciliana emigrada a París, Roberto Alagna, al igual que su hermanos también artistas (David, escenógrafo y Frederico, compositor) escuchó desde pequeño canciones sicilianas y arias de ópera italiana, pero sumido en un medio francófono, lo que dota a su voz, a la vez, de la pasión de un tenor italiano y de la elegancia en el fraseo de un cantante francés. Voz de prototípico tenor lírico puro, perfectamente acompasada al repertorio francés (magnífico Romeo y apasionado Don José, por ejemplo) y al belcantismo italiano, no pudo sin embargo sustraerse a los cantos de sirenas de un repertorio de mayor atractivo de masas, sí, pero necesitado de una voz de mayor potencia. Vinieron los Manricos, los Radameses, los Cyranos, los Cavaradosis y hasta algún Otello, e invariablemente aparecieron un acusado vibrato y una exageración del portamento, lo que derivó en un poco agradable amaneramiento del canto y en un artificial oscurecimiento de una voz en origen solar y brillante y que hoy ha perdido la radiación que tenía cuando en Sevilla, en julio de 1992, encarnó a un rutilante Alfredo Germont. Nadir y Cyrano en Sevilla: las dos caras de un tenor mediático.

Roberto Alagna canta a Bizet

elmundo.es Sevilla

miércoles 03/06/2009

El tenor Roberto Alagna, que el sábado cantará en versión concierto 'Los pescadores de perlas', de Georges Bizet, en el Teatro de la Maestranza, ha dicho este miércoles que "todo es pasión, cuando te gusta la música o estás enamorado de un papel hay que cantarlo, es como cuando te gusta una mujer y tienes que conquistarla".

Alagna, acompañado por la soprano Nathalie Manfrino, aseguró: "Soy como un pájaro que canta en un árbol, canto para mí y cuando veo que al público le gusta, soy feliz", e insistió en que su relación con el público es "familiar" porque sus seguidores saben que es un hombre "sencillo, natural y abierto, que todo lo hace con pasión".

Y dio prueba de ello al afirmar que su voz es "más baritonal" y que para cantar como tenor ha de estudiar mucho y de esforzarse mucho, y admitió que no se halla cómodo en ningún papel y que en cada oferta que tiene lo primero que piensa es que el rol que le ofrecen no es para él.

De ahí, señaló, su debilidad por el personaje de Cirano de Bergerac, de quien dijo que lo fantástico es que el complejo de su enorme nariz le hace "querer ser admirable en todo".

Alagna, que en esta ocasión interpreta el papel de Nadir, el pescador de perlas, dijo que si las óperas de Bizet que no son 'Carmen' se cantan poco es por la dificultad que conllevan, incluida ésta que fue compuesta cuando sólo tenía 23 años y que, según el tenor, es difícil para la soprano, exige un tenor "muy delicado" y es el barítono más difícil que dijo conocer.

Atmósfera

De hecho, el tenor explicó haber aceptado cantar esta ópera porque se lo ha tomado como un desafío personal, ya que es una partitura que exige "crear una atmósfera", y unas dificultades técnicas que son "cosas de alquimia", sobre todo para alguien como él que no se considera un tenor joven, a que el domingo siguiente a su actuación cumplirá 46 años.

Nathalie Manfrino, que da vida a la sacerdotisa Leila, le dio la razón afirmando que para cantar su papel, el de "un personaje que tiene mucha fuerza", hay que interpretar "frases muy agudas" y superar el dramatismo del dueto con el barítono, que fue calificado de "una maravilla" por Roberto Alagna.

El director del Teatro de la Maestranza y de la Orquesta de Sevilla, Pedro Halffter, citó al maestro Daniel Barenboin para referirse al buen momento de la orquesta, ya que, según él, interpretar 'Tristán e Isolda', como acaba de hacer la formación sevillana, es muy bueno para cualquier orquesta, porque con ese título ya se ha encontrado con todas las dificultades posibles.

Los otras dos voces de esta ópera serán interpretadas en sábado por el barítono Marc Barrard y por el bajo Nicolas Courjal. 'Los pescadores de perlas' es un ejemplo perfecto de cómo la ópera francesa de mediados del siglo XIX se sumergió en la moda, como reflejo de la fuerte expansión colonial del país, de buscar ambientaciones extravagantes en remotos lugares exóticos. En este caso, la acción se desarrolla en la isla de Ceilán en tiempos pasados.

El ‘pescador de perlas’ Roberto Alagna atraca en el Maestranza

El Correo de Andalucía
Amalia Bulnes
04-06-09

Foto: José Manuel Cabello

Su infancia en los arrabales de París y su historia de superación personal lo convirtieron en uno de los tenores más mediáticos de la pasada década. El próximo domingo, día después de su actuación en Sevilla, cumplirá 46 años. “Ya no soy un tenor joven”, advierte. Sin embargo, su vigencia queda de manifiesto con el regreso a la ciudad en noviembre para interpretar Cyrano.

“Soy un hombre sencillo, natural y abierto. Mi relación con el público es como con la familia”. No hubo más que ver a Roberto Alagna comparecer ayer tarde ante la prensa para certificar sus palabras. Lo intentó con el castellano, reconoció sus debilidades sin complejos, y recordó con sentido del humor “esas palmas a compás” con que aplaudieron su rol de Alfredo en una celebrada Traviata con la que se ponía de largo el Teatro de la Maestranza durante la temporada lírica de la Exposición Universal de 1992.

Han tenido que pasar 17 años para que este francés hijo de sicilianos regrese al coliseo del Paseo Colón.Será el próximo sábado cuando Alagna y la soprano francesa Nathalie Manfrino se encarguen de los roles principales de Los pescadores de perlas, un título de Bizet que se representará en versión concierto en una única función. “Para mí es mucho mejor estar en escena, precisamente porque esta ópera necesita de una atmósfera muy especial. Delante del atril y vestido de frac no es lo mismo, pero sirve para destacar más el valor de la música”, explicó ayer el tenor.

En esta ópera, de gran atractivo melódico y ambientada en lugares exóticos, conforme a la moda francesa del siglo XIX, Roberto Alagna interpreta al joven pescador Nadir, el amor prohibido de la sacerdotisa consagrada Leila. Se trata, según explicó, de un rol “muy complicado”. “Es una cosa interior –explicó–, que no necesita de virtuosismo. Más bien al contrario, la dificultad reside en un no cantar, no elevar la voz”, detallaba el cantante, que interpretará el célebre aria Je crois entendre encore en la tonalidad original de Bizet, lo que dificulta su papel.

De este modo, a pesar de la complejidad y de que “es un pecado que no hayamos tenido dos días más para ensayar”, según dijo, Roberto Alagna afronta este reto “con pasión”. “Cuando estás enamorado de un papel hay que cantarlo, es como cuando te gusta una mujer y tienes que conquistarla”.

Fue en este punto cuando el cantante, acompañado por la soprano Nathalie Manfrino y por el maestro Pedro Halffter, director musical del Teatro de la Maestranza y batuta de esta ópera, se enfrentó, en un arranque de sinceridad, con sus debilidades: “Cumplo el domingo 46 años, ya no soy un tenor joven”, comenzó. “Mi voz natural es más baritonal y para cantar como tenor tengo que estudiar y esforzarme mucho”, prosiguió, para terminar admitiendo que no se halla cómodo en ningún papel y que en cada oferta que tiene lo primero que piensa es que el rol que le ofrecen no es para él.

De ahí, señaló, su debilidad por el personaje de Cyrano de Bergerac, que interpretará, también con la compañía de Manfrino, el próximo mes de noviembre en este mismo teatro. “Este papel es para mí una terapia. Yo fui un niño con complejos, y la filosofía de este personaje, detrás de cuya nariz grande se esconden todas las inseguridades del ser humano, es fantástica”, señaló.

Los otras dos voces de esta ópera serán interpretadas el sábado por el barítono Marc Barrard y por el bajo Nicolas Courjal.

"Si te gusta un papel tienes que lanzarte, igual que cuando te atrae una mujer"

Roberto Alagna interpreta el sábado en el Maestranza, con Nathalie Manfrino, 'Los pescadores de perlas'

'Los pescadores de perlas', de George Bizet.

Teatro de la Maestranza.

Sábado, 20:30.

Últimas entradas disponibles entre los 22 y los 60 euros.

Braulio Ortiz
Diario de Sevilla
04.06.2009

Nathalie Manfrino y Roberto Alagna, en el Maestranza.

El tenor Roberto Alagna, una de las voces más populares y demandadas de la ópera actual, manifestó ayer que es "la pasión" la clave que le ha permitido evolucionar en su trayectoria. "Al principio decía que quería cantar en francés y la gente me respondía que tenía una voz muy italiana", explica este intérprete galo descendiente de sicilianos. "Pero si te gusta un papel", opina, "hay que cantarlo. Es como si te gusta una mujer, tienes que conquistarla". Alagna, que visitó el Teatro de la Maestranza en los comienzos de su carrera, vuelve el sábado al mismo escenario para interpretar en concierto la ópera de Bizet Los pescadores de perlas, una propuesta en la que también participan la soprano Nathalie Manfrino, el director Pedro Halffter y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.

Los pescadores de perlas es, para Alagna, una ópera "muy exigente" en la que "hay que crear una atmósfera" y que requiere "voces muy fuertes: es difícil para la soprano, exige un tenor muy delicado y es el desafío más complejo para un barítono". De hecho, la dificultad de algunos fragmentos de esta historia de amor entre el pescador Nadir y la sacerdotisa Leila, recuerda Alagna, abruma a algunos compañeros de profesión. "Estuve cantando La Bohème y al mismo tiempo se representaba Los pescadores de perlas. Giuseppe Sabatini, que encarnaba a Nadir, me confesó que era la primera vez que hacía esta ópera, pero que no volvería a interpretarla nunca más", revela. Nathalie Manfrino, por su parte, también contempla su papel, el de "un personaje que tiene mucha fuerza", como un reto en el que hay que interpretar "frases muy agudas" y afrontar el intenso dramatismo de algunos pasajes.

Casi tres años después de protagonizar titulares por abandonar una representación de Aida en La Scala de Milán, Alagna habla sin reparos de aquel episodio, responde a las cuestiones que se le hacen con una carismática llaneza. "De aquello no tuvo la culpa el público. Mi relación con los espectadores es fantástica. Éstos saben que soy un hombre natural con la gente, muy abierto. No canto para demostrar nada ni para dar lecciones", puntualiza. "Soy como un pájaro en el árbol. Si te gusta el canto del pájaro, estupendo. Pero si no te gusta, y puedes aparecer con una escopeta, el pájaro no está cómodo", compara con humor.

El intérprete regresará al Maestranza en noviembre con Cyrano de Bergerac, de Franco Alfano, un personaje por el que siente debilidad y que percibe como una "terapia" para sus inseguridades. "Todos tenemos un complejo. Y lo fantástico de Cyrano es que no dice: Tengo esta nariz y voy a matarme. Piensa, al contrario: Tengo esta nariz pero voy a ser admirable".

Por otro lado, el director artístico de la ROSS, Pedro Halffter, admite que la exitosa experiencia de Tristán e Isolda ha fortalecido a los integrantes de la orquesta. "El maestro Barenboim declara que tocar una ópera como ésa es muy bueno para enfrentarse a otros trabajos, te da una enorme ductilidad", apunta. El idilio entre el público sevillano y la formación se prolonga: después de los llenos registrados con la ópera de Wagner, las entradas para Los pescadores de perlas están, informa Halffter, "casi agotadas". Y es muy probable que se repita ese aplauso, caluroso y atípico, que Roberto Alagna confesó recordar de su paso por Sevilla, en 1992, con La Traviata.

martes, 21 de abril de 2009

Los Pescadores de Perlas


Les pêcheurs de perles

Georges Bizet

(1838-1875)

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ÓPERA EN CONCIERTO

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Ópera en tres Actos

Libreto de Eugène Cormon y Michel Carré

Estreno el 30 de septiembre de 1863

en el Théâtre-Lyrique de París

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Dirección PEDRO HALFFTER

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Zurga, jefe de los pescadores (barítono)

Nadir, pescador (tenor) ROBERTO ALAGNA

Leïla, sacerdotisa de Brahma (soprano) NATHALIE MANFRINO

Nourabad, gran sacerdote de Brahma (bajo)

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Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

Director Artítico Pedro Halffter

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Coro de la A.A. del Teatro de La Maestranza

Director Julio Gergely




LIBRETO

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Figurines de Umberto Brunelleschi (1879-1949)

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En los años sesenta del siglo XIX, el ministerio francés de Bellas Artes tuvo la feliz iniciativa de subvencionar al Teatro Lírico Parisino con 100.000 francos para que se representara anualmente una ópera de tres actos cuya música hubiera sido creada por antiguos alumnos de Villa Médicis. Leon Carvalho, director del Téàtre-Lyrique, apostó por un joven de 25 años Georges Bizet (París 1838 – 1875).

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“Los Pescadores de Perlas” no tuvieron mucho éxito en su estreno, el 30 de septiembre de 1863, a pesar de su ambiente exótico, recibiendo numerosas críticas por parte de sus detractores, que encontraban que hacía demasiadas concesiones al wagnerianismo y al verdianismo. Sólo Hector Berlioz reconoció que había allí "una cantidad considerable de piezas musicales bellas y expresivas, llenas de vigor y de rico colorido".

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Los grandes cantantes se hicieron cargo de los papeles principales en fecha posterior; la interpretación de Caruso del personaje de Nadir es hasta hoy inolvidable. Algunos números aislados se han hecho conocidos en todo el mundo por medio del disco, la radio, etc., pero las interpretaciones de la obra completa son raras.

Bizet está aquí todavía en sus comienzos.





El amor de Bizet por los temas exóticos y su capacidad para manejarlos se reconocen con claridad en esta ópera. Lamentablemente, se encontró con un libreto muy débil que, aunque no le impidió incluir en la partitura algunas partes brillantes (sobre todo un aria de tenor, otra de barítono, un dúo para ambas voces masculinas y algunos buenos efectos orquestales), fue un obstáculo para la difusión de esta obra.

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El libreto se lo presentó a Bizet el director del Théátre Lyrique y respondía al gusto por el «exotismo», que en esa época estaba muy arraigado. El fundador de esta tendencia fue Félicien David (1810-1876), un orientalista y músico poco conocido en la actualidad, cuya obra sinfónica "Le Désert" promovió, con su descripción del desierto, las llamadas del muecín y sus imitaciones sonoras (muy sencillas), la pasión por la música «exótica».

El interés existía desde hacía mucho tiempo; en cierto modo, El rapto en el serrallo de Mozart corresponde a esa tendencia, así como el Oberon de Weber; algunas obras de Gluck, Grétry y otros pueden considerarse precursoras.

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De las pocas óperas compuestas por Bizet es tal el éxito y la repercusión alcanzados por la célebre “Carmen”, la última de ellas, que las otras pueden pasar casi inadvertidas. Ahí están, unas más ocultas que otras, “Don Procopio”, “Djamileh”, “Iván El Terrible”, “La bella niña de Perth” y “Los pescadores de Perlas”.

Estas dos últimas han alcanzado una mayor trascendencia, ayudada, claro está, por la disponibilidad de excelentes grabaciones comerciales. Si para “Carmen” hoy se dispone de más de una docena de versiones editadas en sistema digital, para “Los pescadores de perlas” son al menos cuatro los registros comerciales que ya hay en el mercado.

Tras haber ganado el codiciado Premio de Roma (otorgado por la Academia de Bellas Artes de la capital francesa) Georges Bizet tuvo por derecho propio la oportunidad de presentar una obra de un acto en el Teatro de la Opera de París. Para tal efecto se propuso arreglar “La guzla del Emir”, un trabajo suyo ya compuesto.

Pero otro teatro parisino, el Teatro Lírico, también daba una gran oportunidad, ciertamente mejor, a los ganadores del Premio de Roma. Esta consistía en la oferta de componer una vez al año una ópera en tres actos, y por una generosa suma de francos.

Bizet renunció entonces al proyecto de “La Guzla del Emir” y se abocó, a instancias del empresario León Carvallo, a la composición de otra ópera, de mayor envergadura, accediendo así a la tentadora oferta. Esta ópera sería “Los pescadores de Perlas”, con libreto de Eugene Cormón y Michel Carré, este último gran colaborador en textos para óperas de Gounod, Thomás y Offenbach.

Inicialmente “Los pescadores de Perlas” iba a ser ambientada en Méjico, pero luego se optó por la India, por resultar más atrayente su exotismo, y dando de esta forma respuesta a los requerimientos del público francés de la época que gustaba conocer óperas emplazadas en lugares remotos y curiosos.

Los meses de agosto y septiembre de 1863 tomaron el trabajo de la afinación de detalles del libreto y la composición. En su desarrollo hubo no pocas dificultades para acordar un desenlace la para obra. Finalmente “Los pescadores de Perlas” fue estrenada el 30 de septiembre de ese año 1863, en el Teatro Lírico de París.

La respuesta del público y de la crítica no fue unánime. Unos vieron en ella una obra maestra y alababan al joven Bizet, entonces de 24 años.
Otros, encontraron que la ópera hacía demasiadas concesiones a Wagner y Verdi, máximos exponentes de la ópera alemana e italiana de su tiempo.

Donde sí hubo acuerdo, compartido posteriormente por Cormón y Carré, fue en reconocer el desequilibrio entre un pobre libreto y una música que es avasalladoramente superior. Para la carrera de Georges Bizet, “Los pescadores de Perlas” fue una obra decisiva, que lo hizo famoso.

Debe considerarse que ella es anterior a todas las obras que hoy apreciamos de este compositor francés. Sólo su Sinfonía en Do Mayor la antecede varios años, pero hay que recordar que, curiosamente, esta obra fue conocida ya adentrado el Siglo 20. “Carmen”, la última obra de Bizet, vendría 12 años después que “Los pescadores de perlas”.

Esta ópera está llena de melodías fascinantes, resaltando entre ellas el formidable dúo “Al fondo de un templo santo” para tenor y barítono, el cual debe entenderse como un himno a la amistad. Su tema se oye en varios momentos del desarrollo de la obra. Con ello, la ópera se nos plantea valorando la lealtad como una gran virtud humana.


ARGUMENTO


La acción de “Los Pescadores de Perlas” se desarrolla en la India,
en tiempos no precisados.

Acto primero

Junto a una playa de una isla de Ceylan, una comunidad de pescadores de perlas
se prepara para una nueva temporada de trabajo, construyendo sus cabañas.
Los hombres elijen a Zurga como su jefe.

Hasta ese lugar llega Nadir, antiguo amigo de Zurga,
con quien éste recuerda el pasado y su común amor por una muchacha,
a la que ambos habían dejado de lado para no comprometer su recíproca amistad.

Se acerca una embarcación en la que los ancianos de la aldea
han ido a buscar a una doncella virgen cuyo canto,
según las tradiciones, aplacará las eventuales iras del mar
en las jornadas de trabajo venideras.

La joven elegida, además, habrá de alejarse de todo amor humano,
siendo fiel a un estricto voto de castidad.

Pero a quien se ha traído es Leila,
la misma mujer de quien Zurga y Nadir estuvieron enamorados.

Acto segundo

Junto a las ruinas de un templo,
Leila reposa después del retorno de las embarcaciones de los pescadores.

Allí se encuentra con el sacerdote Nourabad,
a quien la muchacha cuenta que alguna vez arriesgó la vida para salvar a un fugitivo,
quien, en recompensa, le regaló un collar.

Más tarde, junto a unas rocas, Leila se reúne con Nadir.
Reviviendo el antiguo amor, éstos prometen juntarse en el mismo lugar todas las tardes.

Pero los amantes son sorprendidos por Nourabad,
quien los lleva ante la aldea para denunciarlos.
Allí Zurga reconoce a Leila y, cegado por los celos,
en su calidad de jefe condena a muerte a la pareja por su traición.

Se desencadena una tempestad, que aterroriza a los pescadores,
pues piensan que es producto de la ira del mar ofendido.

Acto tercero

En la tienda de Zurga, Leila trata en vano de defender a Nadir.

Ante su inminente muerte, Leila entrega a Zurga su collar
para que éste lo haga llegar a su madre.

Pero grande es la sorpresa de Zurga al reconocer la joya y con él a Leila,
aquella muchacha que una vez le salvó la vida.

Las cosas toman otro curso, pues Zurga decide salvar a los amantes, haciéndolos huir.

Para distraer a la multitud
expectante por el suplicio de los traidores, Zurga incendia la aldea.

Leila y Nadir logran escapar, pero Nourabad sorprende y condena a muerte a Zurga.

Será él quien será inmolado en una hoguera,
que ya ha sido dispuesta para aplacar la ira de los dioses.