lunes, 16 de febrero de 2009

Recital de Inva Mula



Andrés Moreno Mengíbar
Diario de Sevilla 16-02-09

Están (estamos) de enhorabuena todos los amantes de ese milagro de la naturaleza que es la voz cantada cuando ésta se reviste de sutileza, de delicadeza y, sobre todo, de emotividad. A las cuatro citas con la sensacional combinación Devia-Barcellona se unió anoche la presencia, por primera vez en nuestro teatro, de Inva Mula. La famosa soprano albanesa es hoy por hoy una de las mejores especialistas en las delicadas heroinas puccinianas y nada mejor en este año de conmemoraciones puccinianas que su actuación con toda una segunda parte dedicada al maestro de Lucca.

A pesar de un inoportuno virus que le provocó roces y veladuras en el registro superior cuando cantaba en pianissimo (arias de Mimì y de Liù, sobre todo al final de Tu che di gel sei cinta), Mula demostró por qué su voz es una de las más alabadas del panorama sopranil, merced a un timbre brillante, de centro muy bien colocado y con gran homogeneidad a lo largo de diapasón, sin cambios de color ni saltos.

Sobrasalió en su recital el fraseo, su manera de ligar las frases mediante inflexiones de la voz, de filados y de progresiones dinámicas muy bien dosificadas. Tratándose de una cantante que da el máximo de sí misma sobre la escena, no es de extrañar que a las canciones de Liszt, tan de salón, les faltase un punto de intimidad y de recogimiento, si bien Pace non trovo, la más expansiva, se convirtió en uno de los polos expresivos de la velada, junto al muy pasional y romántico piano de Arnaltes. La habilidad en encontrar el tono de cada pieza se evidenció en cómo obvió la acusada cursilería de las canciones de Obradors, en las que sólo faltó mayor afinidad estilística con los melismas aflamencados de las Coplas de Curro Dulce.

Lo mejor vino, como era de esperar, con los fragmentos de Puccini, sobre todo con las dos arias de Liù, todo un portento de emotividad y de control de la voz. Al final, cuatro bises, entre ellos Les filles de Cadix, de Pauline García-Viardot
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Primer elemento
Carlos Tarín ABC de Sevilla
Jueves, 19-02-09

Inva Mula (soprano), Edelmiro Arnaltes (piano).
Obras de Liszt, Obradors y Puccini.
Teatro de la Maestranza.
Fecha: 15/02/2009.

No todos los aficionados la recuerdan en una de las escenas más fascinantes de la película «El quinto elemento», poniendo la voz a aquella diva azul que asombró al mismísimo Bruce Willis cantando la Lucía. Ahora se presentaba en el Maestranza en un recital de amplio espectro, comenzando por un Liszt políglota, que casi dio igual, porque se la entendió poco, ya que al principio la voz estaba demasiado focalizada junto al piano. Pero ya la presentaba vigorosa, acaso no siempre apropiada para el mundo íntimo del lied, aunque desde luego homogénea, bien impostada, y capaz de salir de cualquier atolladero, incluido el del idioma: qué maravilla las canciones de Obradors, con qué naturalidad y perfecta pronunciación fue desgranando las perlas del barcelonés, incluyendo los melismas andaluces de las «Coplas de Curro Dulce».

Pero es ya un clásico en sus recitales incluir a Puccini, un autor en el que se ha consagrado como gran especialista, y que bien demostró con el encadenamiento de arias del genio de Lucca, que pone a prueba la capacidad de canto de cualquier soprano. Su voz apenas tiene fisuras, pero es verdad que la encontramos más cómoda en las arias de más temperamento como «Mi chiamano Mimi» o «Signore, ascolta».

Una magnífica lección de canto, que no lo hubiera sido sin tener a su lado a un pianista de la talla de Edelmiro Arnaltes, que con su habitual serenidad y delicadeza fue adivinando cada inflexión de la voz de la diva, subrayando con tino cada matiz.



LAS COPLAS DE CURRO DULCE

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